Científicos condenados en la tierra de Galileo

En la madrugada del seis de abril de 2009 un seísmo de 5,8 grados de la escala Richter sacudió la región centro-italiana de los Abruzos. El terremoto tuvo su epicentro en la ciudad de L’Aquila, situada a escasas dos horas de Roma. La capital y numerosas localidades de la provincia temblaron con las ondas sísmicas que provocaron la muerte a 309 personas, produjo 1.600 heridos y dejó sin vivienda a más de 35.000.

Días antes del trágico suceso los sismógrafos venían registrando oscilaciones entre los tres y cuatro grados que hacían tambalear las viejas casas de la ciudad medieval de L’Aquila. La Comisión Nacional de Grandes Riesgos, formada por siete expertos entre los que se encuentran grandes nombres de la ciencia italiana, lanzó un mensaje tranquilizador a la población invitándola a permanecer en sus casas.

Tras la evaluación de los hechos y sometidos a un juicio acusados de homicidio múltiple, desastre culposo y lesiones personales involuntarias, los siete científicos miembros de la Comisión han sido condenados por un tribunal italiano a seis años de cárcel por minimizar el peligro de que un importante seísmo pudiera golpear la zona de L’Aquila.

El abogado defensor, Carlo Sica, había solicitado una declaración de inocencia, porque, según dijo, los acusados “no son culpables de nada, porque los hechos, o sea el temblor de la tierra, no puede ser imputado a nadie”.

La comunidad científica descontenta ha temblado ante la sentencia judicial y advierten que la sentencia que condena a siete expertos en sismología por el terremoto de L’Aquila puede provocar que, a partir de este momento, los científicos tengan miedo a la hora de hacer previsiones.

“A partir de ahora, los científicos que trabajan en el campo de los desastres naturales se lo pensarán dos veces antes de hacer previsiones, incluso si creen tener datos suficientes para que una previsión sea atendible”, ha vaticinado el geofísico británico Bill McGuire.

Predecir por parte del hombre las actuaciones de la naturaleza es un pulso desigual que entraña extrema dificultad, por lo que lamentablemente seguiremos hablando de estos temas.

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